Zabala artes, el rey del trompo

Si estás pensando en visitar Quito, repasa tus habilidades para hacer bailar los trompos, con un poquito de suerte, podrás lucirte frente a tus hijos cuando visiten este taller artesanal quiteño.
 
 
 
 

¿Qué debes saber?

  • El rey del trompo, te espera en la calle Juan de Dios Morales, más conocida como calle La ronda en el Centro Histórico de Quito
  • La casa 925 del lado más cercano a la calle Guayaquil alberga al taller del maestro
  • Vende trompos de 2, 5, 6, 11 y hasta de 22 dólares
  • Su almacén es también su taller, por lo que lo podrás encontrar en su torno, haciendo trompos
  • Si estás de suerte podrás recibir ver una demostración de cómo los quiteños de cepa, hacen bailar los trompos
  • Él atiende de lunes a domingo de 10:00 a 17:00.
  • Aquí, podrá disfrutar de juegos tradicionales como la rayuela y el elástico.

¿Recuerdas la emoción que sentiste cuando de niño te regalaron un trompo?

Esa misma sensación es la que turistas nacionales y extranjeros reviven cuando visitar La Carita de Dios conocen al rey del trompo, Don Gerardo Zabala. Y es que el trompo, un invento chino está presente en todas las latitudes del mundo y está presente también en los recuerdos infantiles de media humanidad.

Sin embargo, en estos tiempos modernos, el trompo muto y a lo largo del mundo, perdió toda la esencia que guardaba en su interior. La madera fue remplazada por plástico y el trabajo artesanal fue remplazado por procesos industriales.

En todas partes, ¡menos en Quito!

Y es que, en el corazón de La Ronda, en pleno centro histórico de Quito, Zabala artes expone toda la tradición del trompo. Su dueño, Don Gerardo, no solo que vende sus trompos, él va un paso más allá, ya que transforma al trompo en toda una experiencia turística.

Su local está repleto de trompos, de todos los tamaños y colores, el aroma a madera se puede sentir y el sonido del torno de madera llama la atención de los turistas que caminan por La Ronda.

Don Gerardo, un quiteño de 67 años te recibe con una amplia sonrisa y cuando ya se ha formado un grupo, empieza su ritual. Primero explica a los turistas los diferentes tipos de trompos, pasa por el tótem con el que Leonardo DiCaprio recupera la cordura en su película Inception y exhibe con orgullo un cushpi, el trompo ceremonial de la cultura Caranqui, que hace más de 3 mil años ya bailaba a punta de latigazos propinados con una beta de cabuya.

Acto seguido, enciende su torno y en cuestión de minutos fabrica un trompo. Su trabajo tiene algo de mágico, pues ver la transformación de un bloque de madera en un hermoso trompo llena de entusiasmo a cualquiera. Pero el show apenas si empieza, puesto que Don Gerardo se alista a realizar un riguroso proceso de control de calidad. Y digo riguroso, puesto que el trompo es sometido a una serie de malabares para demostrar que está equilibrado.

El olor de la madera está impregnado en mis recuerdos

Gerardo es la cuarta generación de una familia relacionada con la madera. Su bisabuela, en la calle Rocafuerte, tubo la primera distribuidora de madera de Quito, su abuelo una mueblería y su padre un taller de tapicería en la 9 de octubre y Foch.

Su niñez la compartió con un grupo de muchachos, hijos de artesanos de varios oficios, que compartían un conglomerado artesanal. Tenía 10 años cuando en el torno de un vecino hizo su primer trompo y con sus amigos ensayaban las artes de vender, en su primer taller imaginario.

Al salir de colegio, su amor por los trompos le llevó a “hacerse de un puestito”, en el taller de su padre. Fue ahí donde su imaginación empezó a girar, tan rápido como giran sus trompos. Los vecinos se asombraban al ver como ese guambra se las ingeniaba, para hacer nuevos modelos o para construir a punta de fierros viejos, su primer torno.

Le encomendaron una importante tarea.

Cuando se inscribió en un concurso de merecimientos organizado por Quito Turismo, Gerardo no sabía bien cuál era el objetivo de esta actividad. Fue cuando ganó el concurso que se enteró que, desde ese momento, él era el responsable de velar por mantener la tradición de los juegos tradicionales de Quito. El concurso vino con un taller, ubicado en La Ronda y desde entonces cumple con rigor la tarea que le encomendaron.

Y es que Don Gerardo, entiende bien la importancia que su oficio tiene para el turismo de la Carita de Dios. Él es testigo de cómo los turistas, no son indiferentes a las tradiciones quiteñas, él sabe que al contrario de lo que la gente podría pensar, los turistas se emocionan con nuestras tradiciones, como cuando al frente de su negocio saborean unas ricas empanadas de viento, o como cuando bailan al ritmo del “chulla quiteño” o como cuando vuelven hacer niños en su taller.

El taller Zabala artes, es un destino obligado para los turistas que visitan el centro histórico de Quito, un lugar ideal para propiciar el encuentro de generaciones, de abuelos queriendo lucirse frente a sus nietos al mostrarles cómo se jugaba en su época, lejos de smartphones y juegos de video.

“El trompo despierta la imaginación, contemplando su movimiento, los niños se enteran de las leyes de la física y los grandes sueñan con helicópteros y turbinas”

Así que, si estás pensando en visitar Quito, repasa tus habilidades para hacer bailar los trompos, y con un poquito de suerte, podrás lucirte frente a tus hijos.

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