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Mercado San Francisco, alberga limpias y curas de espanto

En este mercado de Quito no sólo se venden frutas, hortalizas, verduras, carne de res, pescado, pollo o comida, también se rescatan las costumbres y tradiciones andinas, a través de hierbas, flores, colonias y sahumerio para curas y limpias

En el Mercado de San Francisco, ubicado en la calle Rocafuerte y Chimborazo en el Centro Histórico de Quito, justo en la esquina, se realizan curas y limpias.

Para llegar allí, uno va mezclándose con olores, unión entre comino y palo santo. En estas calles parece que el tiempo se ha detenido, saltan imágenes religiosas, colores, mujeres usando chalinas, los niños cargados en las espaldas de sujetos con ponchos, un desfile de sombreros y rostros.

En el mercado, los puestos en donde se ofertan limpias para niños y adultos se ubican al lado izquierdo y ocupan toda la parte posterior. Son 12 negocios y sobre ellos están los nombres de sus propietarias.

Mercedes Correa es una de ellas, tiene 64 años, trabaja en la “limpia de guaguas y adultos”. Este oficio lo aprendió de su madre: “Mi mamacita era curandera, aquí a los niños les curamos el mal de aire, el mal de ojo, el espanto, el ojeado y la sálipa”, dice Mercedes.

Según esta experta en hierbas y sahumerios: “El mal de ojo se detecta cuando el ojo se hace chiquito y lagrimea; el espanto cuando los niños lloran mucho y no quieren comer, y en la sálipa el guagua se va secando y negreando, les da vómito y diarrea”.

“Aquí les curamos con las hierbitas, como la ruda, santa maría, marco, chilca, sauco, medio yuyo, tigresillo, congona, flores, huevo, trago, colonia y agua bendita; rezando al Señor de la Misericordia y a la Virgen del Buen Suceso para que los niños se curen. Nosotras no somos brujas”, dice Mercedes.

Sus tres hermanas también aprendieron el oficio; sin embargo, Mercedes es la única que continúa con este trabajo, ahora ella les enseña a sus dos hijas.

“Los adultos vienen más cuando se caen, cuando entran a la cárcel y son inocentes, cuando están espantados o quieren que les saque la mala energía a ellos les curamos con ortiga, con otras hierbas y con colonias”, cuenta Mercedes.

Son tres sesiones las que se necesitan para liberarse de las “malas energías”, entre limpia y limpia se les receta colonia, sahumerio y hierbas. Para niños el costo es de tres dólares por sesión y para los adultos cinco dólares.

Las hierbas las compra el esposo de Mercedes, los días martes y jueves, en el mercado San Roque. Gasta 20 dólares entre hierbas y flores.

Una de sus clientes es Mariana Morales, quien vive en La Argelia. Ella fue con su hija y dos nietos. “La creencia de una es primero hacerles curar el espanto, sino pasa nada les llevo al doctor, al menos yo tengo esa idea. Mi hermana me hizo conocer a la señora y yo le tengo fe, los guaguas se mejoran y se les abre el apetito”, dice Morales. 

Emperatriz García es otra de las curanderas del mercado. Ella, al igual que sus otras “colegas”, conoce del oficio desde que era pequeña. Aprendió con su abuela y luego con su madre, esta es su herencia familiar. 

“Empecé a trabajar a los 15 años, estudié sólo hasta el tercer grado, ya llevo 48 años en las limpias. Mi abuelita fue una de las primeras que inició con este trabajo en el mercado”, explica Emperatriz. 

Esta hierbatera dice que la mejor época en su trabajo es diciembre porque las personas acuden a hacerse “baños” para sacar las malas energías. De todos modos siempre tiene “clientitos” que la buscan. 

Emperatriz dice: “Nosotras somos las auténticas curanderas o hierbateras. Este mercado ya tiene más de un siglo y mi abuelita fue una de las fundadoras, de ahí mi mami, luego yo y no sé quien quedará, ha de creer que a ninguna de mis hijas les gusta ni les llama la atención. Es una pena”. 

En las vitrinas que existen en los locales se ve jabones, colonias; todos con nombres llamativos: Ángel de la Guarda, Señor de la Justicia, jabón de la fortuna, contra hechizo, perfume quiromántico, macumba, diosa de la felicidad. 

Estos tienen varios usos, por ejemplo: “Para las personas que están bien saladas se les manda el “sacasales”; para quienes quieren vender o hacer negocios “el abre camino”; en contra del mal de aire el “extracto de ruda”; para quienes desean encontrar el amor el “Sígueme sígueme” o la “Puzanga”, cuenta Emperatriz mientras muestra uno a uno sus remedios. 

Ellas atienden todos los días desde las 07:30 hasta las 16:30 y los sábados y domingos sólo hasta el medio día. En estos puestos no sólo se hacen curas también se venden hierbas para chicha, para curar el corazón, el hígado, para bajar de peso, para la melancolía. 

Así, este mercado de Quito es una muestra de las costumbres y tradiciones de la ciudad.

Fuente: Noticias Quito


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