Arquitectura de Cuenca

La arquitectura cuencana explica por qué esta ciudad es referencia cultural obligada en el Ecuador.
 
 
 
 

La ciudad de Cuenca está ubicada a 2500 metros de altitud sobre el nivel del mar y está asentada en un gran valle dentro de la Cordillera de Los Andes. La actual ciudad de Cuenca conserva el estilo de construcción española. El Damerismo o estilo Damero, era el más usado por los europeos en los tiempos de la conquista y permitía organizar las nacientes ciudades de manera rápida y ordenada. Las calles son trazadas perpendicularmente unas con otras, dibujando una cuadrícula, como en un tablero de ajedrez. Este tipo de organización territorial es posible observarla en la gran mayoría de ciudades del Ecuador, pero la gran ventaja que presentó Cuenca, en cuanto a su orografía, es que está asentada sobre un valle que es prácticamente plano, lo que facilita aún más esta labor. De ahí que, si tomamos un croquis del centro histórico de la ciudad, veremos que posee forma de un cuadrilátero bastante parejo.

Uno de los puntos sobresalientes de la ciudad lo constituye el Barranco del Río Tomebamba. En este punto se puede apreciar, de manera clara, la forma de construcción de las casas que prácticamente cuelgan de las paredes del barranco. La construcción respetó íntegramente el margen del río, lo que muestra que los arquitectos cuencanos siempre cuidaron la morfología que el valle les ofrecía y no intervinieron sobre ella.

En cuanto a las edificaciones, Cuenca tiene una gran mezcla de estilos de construcción y decoración. Su Centro Histórico está constituido por una ciudad de aires coloniales, pero que es en verdad republicana, pues la mayoría de sus atractivas construcciones proceden del siglo XIX. Hay también algunas edificaciones del siglo XVIII, sobre todo los dos conventos de clausura, el de El Carmen y el de la Inmaculada Concepción, parte de la antigua Catedral, y unas pocas casas particulares. Pero lo que resulta particularmente atractivo es el aire homogéneo del conjunto, solo alterado por algunos alardes de chocante modernidad, en edificios de las décadas del 50 y 60, del siglo XX.

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