Alfarería y Artesanía en Totana

TRADICIÓN ALFARERA La actividad artesanal tradicional por excelencia es la alfarería y la cerámica, siendo reflejo de esto el nombre de sus calles(Ollerías, Tinajeras,...) y con la presencia de hornos árabes catalogados por Patrimonio, de Interés Cul
 
 
 
 

En las calles de Totana nos encontramos con un sinfín de azulejos decorados, recogiendo sus nombres, los de los monumentos, y también los de puentes, el puente de la Rambla, lugares de interés...

La alfarería conocida tiene su origen en la época medieval. La tradición es antiquísima y trasmitida de padres a hijos, a través de muchas generaciones, algunas de ellas se remontan al s.XVIII, según consta en los archivos. Además, existen testimonios de cerámica ya en la Prehistoria, algunos de ellos de hace más de 2600 años. Así lo confirma el poblado de Las Cabezuelas, asentamiento íbero, basaba su economía en la agricultura, ganadería y artesanía como herreros, molineros, tejedores y ceramistas, actividad esta última ubicada principalmente en el Barrio de Las Ollerías, al mismo pie de donde fue este asentamiento de Las Cabezuelas.

 

Hasta el momento se han encontrado: de los siglos VI-III a.C., cerámica ática e ibérica con decoración geométrica; de los s.III-I a.C., cerámica campaniense e ibérica con decoración vegetal y figurada; de los s.I-II d.C., terra sigillata romana; durante los s.V-VII d.C., se mantiene la tradicional junto con la de influencia romana; de los s.X-XI d.C., cerámica de estilo musulmán. La cultura musulmana introdujo en la Península Ibérica de manera generalizada el uso del torno alfarero y el horno de tipo moruno que se sigue utilizando en la actualidad.

Algunas de estas cerámicas se pueden ver en los museos de Lorca, Almería y el Arqueológico de Murcia.

 

Totana, ciudad alfarera, disfruta desde 1997 con un Monumento al Alfarero del escultor Anastasio Martínez Valcárcel, en el Paseo La Rivera, para reconocer la nobleza y tradición de este oficio en la localidad. El artesano ha sabido acoplar los nuevos métodos y formas a las necesidades de cada época. Durante centurias han elaborado infinidad de utensilios domésticos, tales como cazuelas, pucheros, jarras, platos, ollas, cántaras, lebrillos, orzas, cántaros, bebederos, macetas, etc. En la actualidad, la habitual cerámica utilitaria se ha visto reemplazada en gran parte por la cerámica decorativa con la fabricación de maceteros, búcaros, platos, lebrillos, jarros…

 

Totana cuenta con una de las mayores y mas variada concentración de talleres artesanales a nivel provincial, su situación fronteriza con el Reino de Granada y su permeabilidad cultural han generado una rica artesanía en la que a menudo se observa influencia árabe. Transmitida de padres a hijos a través de incontables generaciones; junto a la antigua técnica heredada, el artesano ha sabido acoplar los nuevos métodos y formas a las necesidades de cada época. Esta tradición se abre al empuje de una nueva artesanía que por novedosa no deja de lado la antigua alfarería: como el tratamiento del cuero, el bordado, la forja, los turrones y otras variedades artesanales.

La mayor parte de los talleres son de carácter familiar y la comercialización se realiza en éstos, de forma directa.

ALFARERIA

La producción alfarera de Totana, de origen medieval, se ha mantenido hasta nuestros días conservando el empleo de las más puras técnicas artesanales. En la actualidad continua elaborándose un amplio repertorio de piezas, en el que las formas tradicionales no han variado sustancialmente desde época medieval ya que es un oficio generacional, transmitido de padres a hijos, algunas de cuyas familias parecen remontarse a la mitad del S. XVIII, como los Ayala; posteriormente desde la primera mitad del S. XIX hasta hoy encontramos familias que perduran en el oficio alfarero como los Hernández y Cánovas "Polo" o los Clemente que estuvieron activos durante casi todo el siglo XIX.

 

Para la elaboración de las piezas se utiliza la arcilla compuesta por la - greda y la roya - extraídas con picolas y azadones de las Canteras del Carivete que se transportaban en carros hasta el taller. Una vez allí molidos los componentes, se mezclan en el pilón y se baten con los pies hasta que suelta toda la granza para posteriormente dejarla decantar en las piletas, eliminando todas las pequeñas piedras e impurezas y así amasarla y trabajarla. Una vez modeladas y oreadas, algunas de ellas se vidriarán y finalmente setarán preparadas para la cocción en los hornos de leña "morunos", tras la cual culminará un laborioso proceso que confiere a cada pieza un acabado particular y exclusivo.

 

Hasta hace bien poco todas fueron hechas para uso doméstico en la cocina, la mesa, la conserva etc., destacando tinajas y orzas para la conservación de líquidos y alimentos. El lebrillo, utilizado para lavar y el cántaro para el transporte del agua, junto a especieros y botijos.

A mediados del S. XVIII la mayoría de las afarerías se localizan en la margen izquierda de la Rambla de la Santa - en el barrio de Triana - en el S. XIX ya se localizan algunas en el antiguo barrio de Sevilla - hoy Paseo de las Ollerías -. Con la llegada del nuevo siglo, la alfarería sufre oscilaciones en su producción, sin embargo la "tinajería" experimenta una gran actividad llegando a situarse en el primer producto alfarero. A mediados de siglo decae este sector artesano al caer en desuso los utensilios de uso doméstico, como el lebrillo o el cántaro y se comienzan a fabricar piezas de jardinería como macetas y jardineras. A la vez que se produce una gran innovación en diversidad de formas y tratamiento del barro, se comienza a vidriar las piezas a base de vidrio transparente, se trabaja el barro blanco. A pesar de la competitividad que existe hoy con la producción industrial, las piezas artesanales por su belleza y variedad de formas, son exportadas a países europeos: Francia, Bélgica, Alemania y Holanda.

Hoy mas que nunca se quiere mantener viva esta añeja tradición e imprimir el sello alfarero en los jóvenes totaneros. Para ello se tiene previsto la creación del Centro tecnológico del Barra, ubicado en un antiguo "horno moruno" situado en el paraje conocido como el Paseo de las Ollerías, llamado así, por ser en esta zona donde antiguamente se fabricaban las antiguas ollas de barro.

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