Acordes de el carnaval de Guaranda

Conoce como se vive el carnaval de Guaranda junto con sus coplas.

Para llegar a Guaranda 
hay una cuesta empinada; 
por venir al carnaval 
la cuesta se hizo bajada.

Al carnaval de Guaranda 
nadie lo puede imitar 
porque solo un guarandeño 
puede tocar y cantar.

Cuenta una leyenda que en tiempos del cacique de la comunidad de los huaranga, que habitó la actual provincia de Bolívar, una pareja de amantes iba de paseo por el campo. Luego de una larga caminata por las colinas andinas, el cansancio los venció y cayeron dormidos. Durante sus sueños, Pachacámac, la divinidad andina, dispuso que los árboles agitados por el viento, los cantos de las aves y el tintineo de las aguas compusieran una música para ellos. El resultado fue una tonada ambigua, aparentemente repetitiva, capaz de suscitar alegría y júbilo pero también tristeza. Al despertar, los amantes repitieron la tonada que Pachacámac había puesto en su memoria y la interpretaron ante el cacique huaranga. Desde entonces, esta melodía fue aceptada entre los habitantes de la zona como una base melódica y rítmica sobre la cual todos los demás pudieran improvisar versos. El canto fue adoptado para las fiestas de la segunda luna de cada año y se convirtió en el motivo de reunión y de celebración en gratitud por la fertilidad de la tierra. También en homenaje a esa fertilidad es que se hace uso del agua, como elemento sagrado que luego de limpiar al carnavalero vuelve al suelo para fecundar los frutos.

Durante la colonia, se reprodujeron varias de las celebraciones indígenas andinas en contextos urbanos emergentes y con características heredadas de las tradiciones europeas. Una de ellas fue el Carnaval. Llegó la guitarra y con ella llegaron también nuevas formas de expresión musical que, con el paso de los años, desplazaron el uso del tambor y de las flautas, pífanos o pingullos para usos ceremoniales y festivos, en contextos indígenas. Este mestizaje musical también se impregnó en las celebraciones de la segunda luna, que terminaron asociadas con las fechas carnavaleras. Estos desplazamientos de lo indígena se acentuaron durante la época republicana como parte de los intentos civilizatorios de las clases poderosas mestizas.

La investigadora Rosemarie Terán Najas dice que en La Gaceta del Ecuador, en 1840, se registran los intentos del presidente Vicente Rocafuerte por extirpar el Carnaval que “se había prestado para todo género de excesos”. Con la erradicación de estas prácticas, “el hombre de negocios por fin podía caminar por las calles sin el temor de un baño forzoso, y se evitaba, al mismo tiempo, presentar a los extranjeros” lo que se veía como una barbarie.

Por eso Guaranda vive dos carnavales paralelos: el oficial, que responde a la programación de las autoridades municipales y que convoca a miles de turistas de dentro y fuera del Ecuador, y el carnaval de las tradiciones, las coplas y el agua, que reúne a las jorgas carnavaleras de antaño, con sus costumbres y su música, en las casas y en las calles de los barrios tradicionales. En el primero hay objetivos específicos, ligados más bien a un interés económico y turístico, que pretenden integrar a todos los guarandeños, tanto del sector rural como del área urbana, y al visitante extranjero. El alcalde de la ciudad, Gustavo Jaramillo, ha publicado en el sitio web de la Municipalidad guarandeña que cerca de once millones de dólares circulan en Guaranda durante este feriado, y que de ese monto, tres millones se quedan en la ciudad. “De allí que los guarandeños debemos esforzarnos  por  mantener y mejorar nuestra tradicional fiesta, por enriquecerla a tal punto que sea la mejor y hasta la única opción para el turismo interno del país y  llamar la atención del turista extranjero, posicionarnos en el mapa”, dice su invitación.

Todos bailan con la banda 
en las calles y en las plazas 
de la ciudad de Guaranda, 
es el humor de las masas.

Desde principios de los años setenta, el carnaval de Guaranda incorporó, por decisión de las autoridades de entonces, una serie de actos y espectáculos que en su momento desataron vehementes cuestionamientos. Patricio Llerena, autor del estudio Interacciones culturales y prácticas discursivas en el carnaval de Guaranda, asegura que antes de que estos actos fueran impuestos “no existía ninguna razón para guardar la compostura, porque no se realizaban espectáculos formales y serios. Durante el desfile de comparsas, por ejemplo, los carnavaleros –según los organizadores– no deben jugar  con agua u otras substancias para cuidar la buena imagen de estos espectáculos y de la ciudad. Esto significa que se ha pretendido limitar el juego con agua que es una de las prácticas con las que más disfrutan y viven el carnaval los carnavaleros (el pueblo)”. Es que con el acuerdo que instituyó el desfile de comparsas o de la confraternidad, en 1973, se desplazó el juego para el resto de días de fiesta. El asignado al desfile era desde entonces intocable.

Pero el Carnaval tradicional de Guaranda no es tan solo el del desfile de comparsas coloridas, no es el de la elección de una reina de belleza ni tampoco es el que se juega con espuma, harina, huevos y lodo. El Carnaval es, históricamente, el tiempo que precede al recogimiento espiritual. Representa el exceso, el jolgorio, permite licencias al placer y desconoce a la autoridad y sus órdenes. En Guaranda, estas fiestas son para compartir alegremente la diversión que proporciona el juego en comunidad. Cada detalle: la comida, el aguardiente, la chicha, el agua, el talco y los perfumes, las serpentinas y el dulce de sambo, son regalos para el que viene de visita, para el invitado, para el ser querido.

A pesar de que, a ojos de las mayorías, haya triunfado la intención oficial de fomentar lo que llaman el “carnaval culto”, mediante la reproducción de actividades estrictamente turísticas, en las coplas carnavaleras sobreviven las verdaderas razones de este tiempo de asueto con tantas décadas de historia:

Los días de carnaval 
de amores no se padece 
con una se va a dormir 
y con otra se amanece.

Copas, comidas y baño 
y a mojarse y a mojar 
amor, locura y placer, 
todo es por el carnaval.

En este carnavalito 
pido ser excomulgado, 
y poder darte caricias 
en tu rabito meneado.

San Pedro tuvo una moza 
San Pablo se la quitó; 
si los santos hacen eso 
con más razón lo hago yo.

Pues me dijo taita cura: 
ven no más, no tengas miedo. 
Yo que vi la pieza oscura, 
no entré, temiendo un enredo.

El desfile que promociona la Municipalidad de Guaranda avanza en alguna de las calles de la ciudad. Allí están los turistas, los medios de comunicación, la Reina recién electa de Guaranda y las autoridades. Acá, en la calle, en el patio de la casa, bajo la lluvia que ya a esta hora se ha unido al juego, a nadie le interesa ese carnaval fabricado para turistas…

Pero para hacerse invitar había que tener qué brindar. Por eso, el Carnaval es la época para matar chanchos y preparar fritada o asar cuyes. El mote, el maíz tostado y los chigüiles son algunos de los bocaditos típicos.

Cualquiera por Carnaval 
pela siquiera un pollito, 
invitando a sus amigos 
hace su sazonadito.

Aquí hay caldo de patas, arroz relleno y dulce de sambo. Unos tiritan todavía en la vereda, otros se calientan por dentro echando copita tras copita de pájaro azul… En la cocina ya humean las ollas gigantes y se preparan los músicos. A fin de cuentas, quedan dos días de juerga…

¡Qué bonito es carnaval!

Fuente: labarraespaciadora.com

 

20
5
10
50
6