Cuyabeno Ecuador

Cuyabeno un lugar mágico en Ecuador donde la naturaleza te permitirá nadar con delfines rosados y convivir con pueblos ancestrales. Conoce su reserva faunística y mucho más.

Cuyabeno Turismo

El cantón Cuyabeno es el viaje tan largo e incómodo como fascinante. Al internarse en la Reserva de Producción Faunística Cuyabeno, que cruza las provincias de Sucumbíos y Orellana, al nororiente de Ecuador, tan adentro en la selva que uno tiene la impresión de salirse del mundo y seguir un poco más allá. Este cantón se sustenta con e turismo ecológico.

Cuyabeno

Pluricultural y Plurinacional Cuyabeno

Aquí encuentras las nacionalidades o pueblos milenarios como los Siona, Secoya, Cofán y Shuar, que con el paso del tiempo han sobrevivido  sus constumbres y tradiciones ancestrales.

Gastronomía Cuyabeno

  • Sus sabores son únicos, pues su cocina se basa  en el uso de la yuca, con ella preparan platillos espectaculares como las tortillas de Yuca y  el Casabe así como complemento en los platillos principales, como el asado de Guanta ó como bebida en forma de chicha de yuca fermentada.
  • Para subsistir todavía conservan métodos ancestrales como la caza y la pesca, este territorio es de interés petrolero y en sus linderos cuenta con asentamientos de exploración y explotación. Este cantón es limítrofe con el país vecino de Perú y sus principales vías de comunicación son los afluentes del río Aguarico.

Cuyabeno extraños en tierra indómita

  • Pequeñas tortugas saludan desde el agua.
  • La lancha lleva horas descendiendo las aguas pardas del Aguarico, la vegetación rueda en ambas orillas como en un carrusel interminable. Y en algún punto deceleramos, enfilamos un pequeño afluente rumbo al norte, el propio Cuyabeno, y traspasamos el umbral de lo conocido.
  • Río adentro hasta llegar a la reserva Cuyabeno.
  • Entonces se dejan ver  los misteriosos guardianes del lugar que aprovechan la abundancia de la confluencia de ambas corrientes. Son delfines rosados, extraños seres de cuento, que van asomando sus lomos aquí y allá, entre tímidos y curiosos por la intromisión de los forasteros.
  • Y sigues… y sigues selva adentro, acompañando el curso del río que ahora se estrecha y serpentea por donde la vegetación le permite transcurrir. Y empiezas a sentirte ajeno, también maravillado claro, pero empiezas a caer en la cuenta de que este es un territorio salvaje al que no perteneces, que se rige por las reglas más antiguas y elementales. Es algo así como estar viendo uno de esos documentales de pura naturaleza, sólo que esta vez la cámara son tus propios ojos.
  • En unas sencillas cabañitas al borde de una especie de laguna nos instalamos. Estamos en medio de la nada, o más bien en medio de todo; pues está cayendo la noche y la vida no sólo sigue, si no que parece multiplicarse alrededor en un estridente concierto de “vete a saber qué” bichos. Aquí las instrucciones son sencillas: “Si quieren pueden darse un baño en el río, no hay ningún problema. Eso sí, preferiblemente donde el agua esté en movimiento. Más que nada, por las anacondas, las pirañas, los caimanes”.

Fauna Cuyabeno

Sí, creo que a eso mismo me refería. No somos de aquí y nadie nos espera. Habrá que cuidar cada paso que damos en el lodo, apartar con precaución la telaraña que se cruza en el camino, vigilar en qué rama apoya uno la mano. A la misma vez, no podremos dejar de asombrarnos por esos monos que de pronto cruzan agitando ramas sobre tu cabeza; las hormigas que abren autopistas de ida y vuelta, transportando lo que recogen a su paso; o el ceibo majestuoso y casi divino que se abre paso a través de la espesura, desplegando su copa por encima de toda la selva y descolgando lianas que se agitan desde lo alto como barbas ancestrales.

Ahí justo reside la belleza del Cuyabeno, en su virginidad salvaje; en ese sentirnos tan poca cosa, tan vulnerables en un mundo al que creemos dominar y que sólo tenemos esclavizado.

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