Paraísos en la ruta

Si buscas aventurarte en lugares donde pueda admirarse las maravillas de la naturaleza, la Reserva de Producción Faunística Cuyabeno debe estar en tu agenda de destinos.
 
 
 
 

Cuyabeno, su húmeda belleza

Si de lugares reconditos hablamos, el Oriente ecuatoriano aúm es un enigma para muchos. Allí no solo se esconden maravillosos parajes, sino también especies de flora y fauna que aún no han sido descubiertas, por ser uno de los sitios más biodiversos del planeta.

En la provincia amazónica de Sucumbíos, se encuentra ubicada la Reserva de Producción Faunística Cuyabeno. Este exótico laberinto de lagunas hospeda 550 especies de aves, 350 de peces, un sinnúmero de tortugas de río, decenas de caimanes, anacondas y más reptiles, además de un mamífero único en el mundo: el entrañable delfín rosado.

Los cientos de orquídeas, los bosques inundados y los ríos de deslumbrantes aguas negras configuran este cálido vientre verde como el hogar de sorprendentes especies, lo que lo convierte en un escenario como inspirado en una película de misterio o acción. Ahora, si eres de los que les gusta admirar las estrellas, no puedes perderte el viaje nocturno en lancha. Mientras la Luna se refleja entre la selva inundada, intenta observar uno que otro caimán hambriento.

Esmeraldas y su verde esplendor

En la carretera costanera hacia Muisne, a poco de Tonchige (Esmeraldas), entre los frondosos mantos verdes que visten al monte, duerme la playa de Cumilinche, una pequeña y encantadora ensenada de agua azulada, rodeada de cocoteros y pastizales.

Inhabitada por turistas, pero muy conocida por sus lugareños, es un lugar magnífico para encontrar un descanso y mirar una de las de mejores puestas del sol en este lado del Pacifico. Aunque esta playa parece una piscina natural, es una de las preferidas por surfistas, pues sus olas alcanzan grandes alturas.

Por la misma vía, a unos cuantos kilómetros hacia el sur, se encuentra Estero del Plátano, una playa que conjuga el ambiente tradicional de un pueblo de pescadores con el sol, el viento y el mar. Conforme se recorre la carretera, de un lado, es posible observar el agua turquesa y, del otro, un caserío con techos de paja.

Los comuneros dicen que antiguamente había abundantes vegas con sembríos de plátano verde, que servían para el consumo de la gente y la alimentación de los animales, de allí el nombre del lugar. Desde este punto, diversas sendas recorren el espeso bosque tropical húmedo, donde también asombra la fauna marina de los acantilados.

Hacienda Cusin, un ensueño de jardines

En medio de un mágico escenario andino se encuentra la Hacienda Cusin, en Otavalo, al norte de la capital ecuatoriana. Este sitio puede robar más de un suspiro al recorrer sus jardines bien cuidados y admirar su fachada original, bellamente restaurada. La hacienda es un ensueño asimétrico de rincones y colores, con una historia que se remonta a los años 1600.

¿Te imaginas dormir en un museo? Es el lugar perfecto para reposar entre chimeneas de piedra, elaborados tapices, santos y antigüedades. Sus habitaciones, grandes y confortables, son un homenaje al ate andino; están llenas de detalles y sorpresas. La hacienda ha logrado preservar la tradicional cocina andina ecuatoriana: todos sus platos llevan el toque casero que los vuelven inolvidables, mientras el visitante celebra este sabroso acontecimiento de identidad y sensaciones.

Desde esta joya arquitectónica, se puede montar a caballo, emprender románticas caminatas y ensayar las mejores fotos de uno de los más bellos y prístinos paisajes de la Sierra.

Galápagos, tras los pasos del viejo Darwin

Las Galápagos son un conjunto de islas paradisiacas, con mucha historia que contar. Sus playas son un atractivo diferenciado; allí se combina la mejor vista del océano con la tierra volcánica milenaria.

Caminar por donde pasó Darwin mientras escribía su Teoría de las especies, o estar en la playa donde atracaron barcos piratas para esconder sus tesoros, o simplemente admirar pingüinos y fragatas volando mientras se esconde el sol en la blanca arena, sin lugar a dudas, es una experiencia única.

El fondo del mar es uno de los lugares menos explorados y con más secretos ocultos. En la isla Isabela, se puede practicar snorkel y llegar hasta unos gigantescos túneles de lava, que emergen por sobre y bajo el agua. Estas cavidades, que se formaron a partir de una cámara de magma, son testimonio de su pasado volcánico, que ha convertido a este lugar en el refugio de numerosas especies marinas.

Los túneles cuentan con una extensión de 800 metros. El recorrido toma, aproximadamente, una hora y se puede bucear en este pintoresco paisaje submarino, en compañía de graciosas tortugas, cimbreantes caballitos de mar y prosudos pingüinos de las Galápagos.

Fuente: Revista Siente