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Lugares turísticos de Baños de Agua Santa

Famosos miradores como la Casa del Árbol y la Mano de la Pachamama; espectaculares cascadas como el Pailón del Diablo, revitalizantes termas, la más innovadora oferta de turismo de aventura y una fabulosa gastronomía te esperan en Baños de Agua Santa
 
 
 
 

Lugares turísticos de Baños

  • Baños de Agua Santa es sin duda uno de los principales destinos turísticos del Ecuador, en parte porque posee sitios de indiscutible belleza natural, en los cuales la observación de la naturaleza y la práctica de actividades de aventura, toman un significado diferente, gracias al espíritu innovador de sus empresarios turísticos. 
  • Muchos turistas la prefieren por su cercanía al Oriente ecuatoriano. Los feriados en Ecuador brindan una buena oportunidad para conocer este maravilloso cantón de la provincia de Tungurahua
  • En el campo turístico, Baños es un referente de prácticas vinculadas con la naturaleza, es reconocido por su excelencia ecoturística y considerado como ejemplo de destino turístico natural para el país y el mundo.
  • Todos los sectores del cantón aprovechan los recursos turísticos y las comunidades participan en la gestión y recepción de beneficios.
  • La oferta es diversificada y articula el turismo cultural, ambiental y religioso.

Relax y riqueza natural en Baños de Agua Santa

Cultura y naturaleza en Baños de Agua Santa

  • Basílica de Baños: Es un sitio de devoción y fe católica. Muchos creyentes de la Virgen del Rosario se dan cita en éste lugar para orar. Podrás conocer los increíbles milagros de la Santísima Virgen.
  • Galería El refugio del viento: Traspasar el umbral de su puerta es transportarse hacia un espacio que muchas veces pasa desaparecibido. En su interior, cada persona  puede disfrutar de un ambiente mágico que cautiva el espíritu; con la belleza de una pequeña flor, la tranquilidad de un paisaje, la transparencia de una acuarela, la fortaleza de la espátula o la vida misma que el artista Edguin Barrera ofrece en sus obras.
  • Turismo Comunitario "Vizcaya": Una comunidad que se dedica a la producción de mora de excelente calidad que ha permitido el desarrollo de la agricultura, gracias al apoyo del MAG.
  • Parque de la Familia: Un nombre preciso para fortalecer el encuentro familiar,  rodeado de áreas verdes y recreativas donde grandes y chicos pueden disfrutar de un sano entretenimiento.
  • Orquideario Natural Jigacho: Una manera diferente de disfrutar y aprender más de la naturaleza por medio de su historia y el conocimiento del cuidado de las orquídeas.
  • Orquideario Río Verde: Es un lugar que alberga alrededor de 140 especies de orquídeas ecuatorianas y 50 variedades de especies híbridas. El recorrido puede tardar entre 30 minutos a 1 hora. Aquí también podrás adquirir orquídeas híbridas y artesanías de la zona.
  • Centro de Turismo Comunitario Pondoa: Aquí podrá recorrer este hermoso lugar en el cual es posible realizar varias actividades al aire libre, recorridos por senderos, observar diversidad en flora y fauna, además compartir actividades cotidianas con la comunidad.

Aventura y adrenalina en Baños de Agua Santa

  • Vuelo del Cóndor: Si eres amante de la adrenalina, columpios extremos y la Mano de la Pachamama te están esperando en la cima de un hermoso mirador desde el cual parte un mágico Sendero de los duendes.
  • Tarabita Manto de la Novia: Su tarabita es divertidísima, una atracción para los amantes de la adrenalina con todas las normas de seguridad, anímate a pasar por encima de la cascada, ¡es maravilloso!
  • Canopy en Puntzán: Visita este maravilloso lugar y disfruta del recorrido con paisajes y cascadas, a través de senderos y 6 líneas de cable que completan un circuito de 2000 m.
  • Parque Aventura San Martín: El circuito ofrecido por este parque es una completa aventura en Baños. La emoción empieza con un vuelo sobre el cañón de San Martín a través de un zipline o canopy de 850 m de longitud. 

Gastronomía en Baños de Agua Santa

Una aventura inolvidable en Baños

Cuando las inquietudes juveniles se acrecentaban en el alma, era necesario hacerlas realidades y así, con la fuerza que irradiaban aquellos años ruborizados de optimismo, seguíamos cantando esperanzas, buscando en las hendijas del tiempo el polvo satinado de ilusiones, para vivir presentes que cobijen de azules latitudes nuestro espíritu, abierto al encuentro de situaciones nuevas.

Éramos inconformes con las horas que se iban sucediendo, deshojando amaneceres matizados de vientos y explorando impetuosos en campos de retamas viajeras y en senderos de extraviados sonidos de silencio.

Así nació la idea, entre cuatro amigos: Pacho Mantilla, César Acurio, Julio Estrella y Rodrigo Herrera de hacer una caminata hacia el Puyo, porque, pensábamos que de esta manera miraríamos abiertamente el paisaje y nuestro espíritu se forjaría con aquel reto.

Partimos el día señalado a las cinco de la mañana. Las campanas del templo invitaban a la madrugadora misa, y las aves cantaban a la luz con guturales trinos. La vida de los pueblos es de ensueño a esas horas por la paz que se percibe en el ambiente.

La ventana del camino se nos iba abriendo y por ella mirábamos llegar la luz de la aurora y con esta, las sublimes sensaciones que invaden cautelosas los espíritus tiernos: Ulba y la Ciénega, con olor a cipreses, nardos y margaritas; Agoyán, augusta geografía, donde las aguas se evaporan en perceptibles iris; los grandes precipicios rugiendo con grave sintonía de espumas y remolinos, la Puerta del Cielo en llovizna perpetua; Río Blanco, trayendo en sus aguas milenarios tesoros; el Manto de la Novia, velo pomposo que se desliza por el cuerpo imponente del abismo.

Mientras caminábamos, las montañas se iban haciendo más pequeñas y su vegetación cambiaba. Eran balcones verdes, jardines de los que colgaban colores y aromas de madreselvas, orquídeas, musgos, helechos, hortensias y bosques finos, refugio de la vida.

Los pueblitos se sucedían a lo largo de la carretera que nos parecía sin fin. Río Verde, con su río de aguas transparentes, formando un colosal salto perdido en la vegetación, redescubierto como El Pailón del Diablo; Machay y su cascada brotando de la neblina, enhebrando hilos platinados, con candoroso acento de música de hierba; el Churosinguna, anaconda de roca, rompiendo los esquemas con sorprendentes quiebres, desafiando imponente a la montaña; Río Negro y El Topo, enclavados en las estribaciones de la cordillera, con sabor a naranjilla, aguardiente y panela; Cashaurco, esperando apacible a los viajeros y sus recuas, en su tambo perdido en el tiempo; el Abitagua, en donde la lluvia nos refrescó con sus perfiles claros, percibiendo en nuestros rostros los efluvios de oriente; El Mirador, desde el que se aprecia como el Río Bravío de los Andes se vuelve manso, rayando el espacio con múltiples brazos, dejando ver una distancia despejada y un horizonte amplio, en el cual el sol se recrea jugando con las nubes.

Ya al atardecer llegamos a Mera, población productiva besada por las aguas del Pastaza; pasamos por La Morabia, hacienda legendaria con tradiciones varias y luego a Ia Shell con su aeropuerto de libélulas gigantes, testigos de las hazañas del coronel Ruales, con el hospital Voz Andes, misionero perenne de la salud y de Ia vida en el nombre de Cristo, y el cuartel, estancia de los jóvenes amantes de la patria.

La Zulay, hacienda del té y la caña y El Pindo Grande con susurros de ninfas viajando sereno a su destino, fueron el punto en donde flaquearon nuestras alas y no tuvimos más que aceptar la invitación del señor Quiñónez que, al vernos desafiantes, paró su camioneta y nos invitó a subir en ella para darnos un "empujón" hasta el hotel Turismo.

Después de un descanso, en el claroscuro de la tarde, bajamos por la calle de la Policía” hacia el río, que era nuestro amigo, y que nos esperaba con sus frescas aguas para llenar de energía nuestro cuerpo. Tendidos en su playa, pudimos admirar la oriflama del crepúsculo tropical que se escurría entre los árboles, con sus luces apoyadas en las nubes rojizas, en esplendores silvestres de quietudes dormidas.

Aquel paisaje de colores finos, de diáfanos silencios, de cielos vestidos de ángeles danzantes, de diademas de viento, de aves en constante jolgorio, aún está presente en mis recuerdos.



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