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Recogiendo los pasos Julio Jaramillo en Guayaquil

Si eres fanático de JJ y estás de visita por Guayaquil, no pierdas la oportunidad de visitar los lúgares más emblemáticos en que la urbe porteña recuerda al Ruiseñor de América.
 
 
 
 
  • Los tuiteros usan cuatro letras para describir a Guayaquil, Gkil;
  • los aeropuertos usan tres, Gye;
  • los bohemios y enamorados de la música podrían usar solo dos: JJ.

Julio Jaramillo (1935-1978) no fue hijo ilustre ni promesa eterna de la ciudad, más bien fue muestra del guayaquileñismo; de ese vivir apresurado, ese deambular por las aceras, ese ‘me tomo un trago, celebro y canto’.

En muchos de los rincones por donde se escuchó su voz, ya no quedan más que recuerdos. Muestra certera de que esta ciudad, aunque le quería (le quiere, le querrá), poca importancia ha concedido a la historia viva, que no se cuenta sobre papel sino con las edificaciones que sobreviven al tiempo.

De sus viviendas, las propias, las que formaron al pequeño pájaro cantor catapultado a Ruiseñor de un continente, no queda ninguna. Su padre, Juan Pantaleón, carpintero de oficio, no tenía buen romance y siempre prefirió las casas con materiales que conociese mejor que el cemento. Materiales que no duran lo que dura un ídolo.

Apenas nació, su lugar de residencia fue el apartamento que sus padres alquilaban en los alrededores de Villavicencio y Gómez Rendón, esta calle, de hecho, fue una constante en la vida del artista. Pero hasta el día de su muerte, la noche del 9 de febrero de 1978, el ‘Ruiseñor de América’, aquel que cobraba hasta 5 mil dólares por grabar un LP (larga duración), no se le conoció un lugar fijo de residencia.

Sus pasos por La lagartera, La Mamita, El Flamingo, El Encanto y el Guayas

El primer punto de encuentro, registrado en los archivos, entre el Guayaquil de antes y la voz de siempre, se dio en la década del 40. Santa Elena, entre Aguirre y Clemente Ballén, allí llegó Jaramillo -según sus biógrafos- siendo tan solo un adolescente con ánimo de cantar, de sentarse en lo que los cantantes llamaban ‘la base’ y el público, ‘la lagartera’.

Del Guayaquil de Julio no quedan sino historia de ‘La Mamita’, la mítica taberna que dirigía Rosario Castro Arteaga y que sirvió como colchón y catapulta para la voz principiante de Jaramillo; tampoco queda algo de ‘El Flamingo’, el restaurante favorito del artista; mucho menos de los teatros ‘El Encanto’ y ‘El Guayas’ que, siguiendo una disposición municipal de la época, permitían a un artista nacional cantar entre película y película; ese artista, en singular, era Julio Jaramillo.

Siguiendo su rastro por el Guayaquil moderno

Como trovador, bohemio y trotamundos se ha dibujado la imagen del cantante con más discos grabados de la historia (más de 4.600). Y aunque tarde, la ciudad parece tener ganas de devolverle el protagonismo que el tiempo le ha quitado.

Tumba de Julio Jaramillo

  • El cementerio es el punto de encuentro de los fanáticos de Julio Jaramillo, no solo el día de su muerte. Allí se eleva el busto más fotografiado del ‘Ruiseñor’. Fue una de las obras de Evelio Tandazo, uno de los artesanos más reconocidos de la época, quien aseguró en múltiples entrevistas que había logrado captar en su creación la arrogancia del cantante en el escenario.
  • Guayaquil levantó a inicios de siglo un monumento al ‘Ruiseñor’, mantiene sus homenajes póstumos, cada 9 de febrero, frente a la tumba en el Cementerio General. Guayaquil le dedica una calle, allí cerca de donde vivió, tomó y murió; en el suroeste de la ciudad. Guayaquil le elevó un museo con más de quinientas piezas y mil historias de esfuerzo.

El rincón de los artistas

  • De lo que fuera un centro y motor de la bohemia guayaquileña solo quedan cortas guitarreadas y mucho pan. El Rincón de los Artistas, en el 2630 de la calle Esmeraldas y Gómez Rendón. El centro artístico fue vendido hace un par de años a unos panaderos guayaquileños que decidieron mantener el ambiente musical, aunque sin éxito.

El monumento a Julio Jaramillo

  • Un monumento parlante en homenaje al cantante Julio Jaramillo Laurido se levanta en Puerto Santa Ana. La obra, cuya encargada fue la artista Helen Constante, tiene una caja sonora que permite a quien se acerque al asiento no solo disfrute de la compañía del inmortal J.J., sino además de la más famosa de las melodías del Ruiseñor de América, "Nuestro Juramento". La escultura en honor al cantante Julio Jaramillo se encuentra en el Puerto Santa Ana, en la Plaza Pílsener, al norte de la ciudad y al pie del río Guayas.

El auditorio Julio Jaramillo

  • La voz de Julio Jaramillo se consintió en Radio Cristal, donde se creó además la tradicional Hora Jaramillo y donde aún suenan algunas de sus canciones, con la caída del sol. La institución nombró a su teatro auditorio como el más famoso de sus artistas y colocó allí una placa ‘Aquí cantó Julio Jaramillo’, como para que nadie lo olvide.
  • Pese a que Jaramillo vivió en el extranjero, durante buena parte de su vida como cantante, su vínculo con esta ciudad se mantuvo intacto hasta que lo alcanzó la muerte. Después de todo fue aquí, en la clínica San Gabriel donde JJ pronunció sus celebérrimas últimas palabras “vamos a tomarnos una cerveza”. Fue aquí, en Radio Cristal, donde la trágica noticia alcanzó por primera vez los comedores y las cantinas. Fue aquí, en las calles que antes recorría cantando, donde los guayaquileños se volcaron para la más masiva de las despedidas.

El Museo de Julio Jaramillo

  • El Museo de la Música en Guayaquil lleva el nombre de JJ, que ya es bastante. Pero también lleva su historia. Las piezas fueron recogidas durante ocho años y allí pueden encontrarse inéditas fotografías del artista y réplicas de tamaño natural de su cuerpo y ropa.

La Calle de Julio Jaramillo

  • En el sector de la Garay, que podría decirse también es el sector de JJ, se eleva ignorado un letrero: Calle Julio Jaramillo Laurido. Son 27 cuadras de ambiente suburbano, tráfico desordenado y un sentimiento de nostalgia porque en esas mismas esquinas empezó a cantar, por emoción y no por dinero, el hijo más querido de la ciudad.

Club de fans de Julio Jaramillo.

  • Un club de fans se reúne cada quince días para compartir anécdotas, para recordar al ídolo y para escuchar parte de esos 4.600 discos que, si se escucharan de una sola sentada, robarían cuatro días de su tiempo. La sede es en Capitán Nájera entre avenida Quito y Pedro Moncayo.
  • Es posible que estos intentos, a la final, solo sirvan para rescatar del olvido a un artista que se aferra al recuerdo casi cuatro décadas después del último canto.

Historia de Julio Jaramillo

  • El más internacional de los guayaquileños dejó muchas marcas pero pocas siguen en pie.
  • La historia de JJ está vinculada a ‘La Mamita’, ‘El Flamingo’ y ‘El Guayas’; sitios extintos desde hace años.
  • La ciudad trata de recordarle con estatuas, museos, nombre de una calle, auditorios, tumbas y flores.
  • La mayor parte de la vida del artista se vincula con el suroeste de la ciudad, allí aún vive su club de fans.

Julio Jaramillo Música

  • Su primer éxito lo cantó junto a Fresia Saavedra, Mi madre querida.
  • Luego de eso vendrían los célebres Fatalidad, Guayaquil de Mis Amores, Sombras, Nuestro juramento...
  • La obra de Jaramillo es tan extensa que el cálculo de su producción no fue posible sino hasta que su mayor coleccionista en el mundo, Yoshinori Yamamoto, revelara que había logrado recopilar más de 4.500 grabaciones.
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