Quito, la transfiguración de la piedra

El 6 de Dícíembre no siempre fue una fecha de festejo en Quito. Durante la Época Republicana, el día de la fundación española de la ciudad realizada en 1534 no estaba marcado en la agenda festiva de la capital. La Ronda, Plaza Grande, San Francisco.
 
 
 
 

Las celebraciones estaban reservadas para el 24 de Mayo (la Batalla de Píchíncha de 1822) y el 10 de Agosto (el ínícío del proceso índependentísta en 1809). Recién en 1960 se empezó a festejar la fecha de la fundación, que habría sido una iniciatíva de algunos periodístas, con el apoyo del entonces alcalde y de la empresa privada. Pero no son solo los festejos cívicos los que han cambiado a través del tiempo, sino también el mismo tejido arquitectónico y urbano de la ciudad y de su pulsante corazón: el Centro Histórico. Quito tiene uno de los centros hístórícos más extensos y mejor preservados de Latinoamérica. Con 3,6 kilómetros cuadrados de calles estrechas y empinadas, amplias plazas de piedra volcánica y estructuras coloniales salpicadas de elementos barrocos y neogóticos, este complejo ha mantenido intacto su carácter arquitectónico y su pulso urbano vibrante a través de los siglos. Hoy aglutina ocho barrios, 92 manzanas, 130 edificíos monumentales y 5000 inmuebles ínventaríados.

Especerías, sastrerías, papelerías, zapaterías, joyerías, cafeterías y farmacias se codean con los blanquísimos muros de los fastuosos palacios, iglesias, conventos y museos de la zona. Su gran valor arquitectónico, histórico y cultural resonó en todo el mundo en 1978, cuando la Unesco lo declaró —junto al centro de Cracovia— como Patrímonío Cultural de la Humanidad. Pero los esfuerzos por conservarlo llegaron antes: las primeras ordenanzas de protección se dictaron hace 78 años. Actualmente, el Instituto Metropolitano de Patrimonio se encarga de registrar, inventariar, mantener, intervenir y admínístrar el patrimonio arqueológico, urbanístico y arquitectónico de Quito. Pero, además de ser un ímpresíonante monumento arquitectónico, el Casco Colonial también es un documento hístó-ríco cuyas piedras hablan de los cambios políticos y sociales que han estremecido a la urbe y al país a través de los años. Y durante el pasado mes de octubre se escribió sobre sus calles un nuevo capítulo de esa hístoría. La elímínacíón del subsidio a los combustibles —decreto que luego fue revertido por el Gobierno nacional— provocó la protesta de grupos indígenas, trabajadores, estudiantes y otros sectores de la población. El caos y los enfrentamientos, entre manifestantes y la policía, dejaron cientos de detenidos, miles de heridos y nueve civiles muertos, según cifras de la Defensoría del Pueblo.

En medio de las protestas, también se cometieron actos de vandalismo en varios puntos de la ciudad y, una vez más, el centro recíbíó la impronta ínevítable de los tiempos que corren. Una valoración ínícíal, según lo que reportó a la prensa el secretarlo de Terrítorío, Hábitat y Vivienda, Rafael Carras-co, índícó que cerca de 1400 puntos del Casco Colonial tenían daños en fachadas, veredas y vías después de los 11 días que duraron las manifestaciones. "Se debe aprovechar el espíritu de solídarídad y las colaboraciones con las que han empeza-do a responder los quiteños —dijo la exdírectora del IMP, Angélica Arias—. No hay un seguro general para las edificaciones del Centro Hístóríco como patrímonío. No se ha logrado poner, porque las aseguradoras tienen un tope de años de antigüedad; se intentó realizarlo, pero ese proceso quedó inconcluso". 

La reconfiguracian de los hitos turísticos

Calle de las Siete Cruces Así también se conoce a la calle García Moreno, donde está el Palacio de Carondelet, sede del Gobierno nacional. Además de albergar la casa de Manuela Sáenz, figura clave en la Independencia de América del Sur y compañera senti-mental de Simón Bolívar, esta calle expresa el intenso espíritu relígíoso que aún conserva la ciudad. Siete iglesias flanquean la ruta, que a finales de la Colonia era utilizada para transpor-tar mercadería. El recorrido empieza, de norte a sur, con la íglesía de Santa Bárbara (de 1550, pero restaurada luego del estremecedor terremoto de 1987) y pasa por la íglesía de La Concepción (de 1575), que funcionó como el primer monas-terio de la ciudad. La tercera y la cuarta cruz le pertenecen al templo de La Catedral y a la íglesía de El Sagrario (1564 y 1699, respectivamente). En sus paredes queda el registro de varios acontecimientos históricos, como la proclamación de Independencia de 1809. Solo la cruz de La Catedral continúa intacta. La quinta cruz se encuentra, a medía cuadra, en la es-pectacular íglesía de la Compañía de Jesús (de 1613), de estilo barroco, cuya portada exterior fue labrada en piedra volcánica, mientras que su interior está cubierto totalmente por láminas de oro talladas; su cruz es la más grande de todas. La íglesía, de la orden de los jesuitas, tuvo un presupuesto mayor para su construcción. La sexta y séptima cruces son las del monasterio del Carmen Alto y de la capilla de San Lázaro. En la calle aún hay negocios que surgieron en el siglo XX, como relojerías, peluquerías, especerías y cafeterías. 

Plaza Grande y sus alrededores

La Plaza Grande es epicentro de acontecímíentos que síguen definiendo la vida de Ecuador. También conocida como Plaza de la Independencia, es el núcleo del Centro Hístóríco y el lugar al que intentaron llegar algunas de las protestas de octubre. No fue la primera plaza de la urbe, pero es el punto de reunión por excelencia y escenario histórico de manifestacio-nes. Está flanqueada por La Catedral, el Palacio Presidencial, el Palacio Arzobispal y el Palacio Munícípal. En el medio de la plaza se encuentra el monumento a la Independencia, inaugurado el 10 de Agosto de 1909. En él se puede ver a un león herido (en referencia a las tropas españo-las), un cóndor rompiendo las cadenas de la opresión (emblema del país) y, en la parte superior, a la diosa romana Libertas que sostiene una antorcha. En 1875, el presidente Gabriel García Moreno fue atacado con revólveres y a machetazos cuando entraba al Palacio Pre-sidencial. Murió junto al altar de La Catedral, donde una placa recuerda el suceso. En los exteriores de Carondelet, otra placa marca el lugar del ataque. "Dios no muere —dice su leyenda—. Aquí cayó asesinado el presidente de la República, Dr. Gabriel García Moreno, el 6 de agosto de 1875". La primera frase es una referencia a lo que habría respondido Moreno a sus ata-cantes cuando le gritaban "¡muere tirano!" y "¡muere jesuita¡". 

Plaza de San Francisco

Es una planícíe de piedra volcánica sobre la que se levanta la íglesía y el convento de San Francisco, uno de los complejos arquítectónícos más imponentes de América. Fue construido en 1550 y es, desde entonces, la postal de la ciudad por excelencia. Fue el príncípal mercado de la zona desde períodos pre-íncaícos, antes de la Conquista española. En la plaza de San Francisco, se comerciaba todos los productos que venían del mar, el campo andino y la Amazonía. 
A un costado de la plaza, en la calle Cuenca, está la Casa del Alabado, una villa colonial restaurada que ahora funcio-na como museo de arte precolombino. Contiene más de 5000 piezas arqueológicas de las culturas que poblaron el terrítorío ecuatoriano antes de la Conquista, hace 5000 años. La plaza Santa Clara, restaurada en 2011, también fue un mercado a ínícíos del siglo XX y servía como paso de los canales que permitían el ingreso y el desfogue de agua de la ciudad. Allí se aprecia el monasterio de Santa Clara, creado en 1596, que guarda importantes tesoros artísticos y religiosos del país. Sí hay suerte, puede ser que tu visita coincida con algunas de las actividades rituales que hay en el monasterio. No se puede caminar por esta zona del Centro Hístóríco sin probar los delícíosos dulces de Quito, conocidos como "colaciones", Las Colaciones de la Cruz Verde es uno de los locales que ofrecen esta golosina tradicional de miel y maní. 

La Ronda

La Ronda es una calle tradicional, asociada con la bohe-mía y el arte del Quito de antaño. Es la calle más antigua y vio nacer a varios de los músicos (pioneros del pasillo), pintores y algunos de los poetas más reconocidos de los años treinta. En sus tiendas, se puede admirar los trabajos en plata, paja toqui-lla, hojalata, taracea y forja de los artesanos locales. También hay negocios donde se puede degustar quesadillas, empana-das, panes y el típico canelazo, una bebida alcohólica caliente, hecha con aguardiente y canela. 

Museo de la Ciudad

Está en la esquina de las calles García Moreno y Rocafuerte, en uno de los edífícíos más antiguos de la ciudad, que data de 1565. Allí funcionó, por más de 400 años, el Hospital San Juan de Dios. Sus exhibiciones se enfocan en la vida cotídíana de los quiteños a través de la historia. 
Convento de El Carmen Alto El convento de El Carmen Alto funciona desde 1653 y fue el lugar donde vivió y murió Santa Maríaníta de Jesús. Hoy, a través de una puerta giratoria, se puede adquírír los productos que históricamente han vendido las representantes de la Orden Carmelita, como miel, vino, hierbas y medícínas naturales. 

Iglesia y plaza de Santo Domingo

La iglesia de Santo Domingo es una de las estructuras re-lígíosas más importantes de la ciudad, con una historia que se remonta a 1581. La plaza en la que se encuentra, que lleva su mismo nombre, fue orígínalmente un mercado indígena. 

Iglesia y plaza de la Merced

La iglesia de Nuestra Señora de la Merced, ubicada en la plaza del mismo nombre (tanto íglesía y convento están entre las calles Chile y Cuenca), tiene gran peso arquitectónico en la ciudad: su estilo barroco y morisco expresan la estética del siglo XVI. En su ínteríor, hay esculturas del Bernardo de Le-garda (como la Virgen de la Merced, hecha en piedra) y obras de Miguel de Santiago, de la Escuela Quiteña.

  • Fuente: Revista Siente

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